mar 4a. Sem Pascua (Id=291)
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Alegrémonos, regocijémonos y demos
gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha establecido su reinado.
Aleluya.
Gaudeamus et exsultémus
et demus glóriam Deo, quóniam regnávit
Dóminus Deus noster omnípotens, allelúia.
Oremos:
Dios Padre todopoderoso, concede, a quienes celebramos la resurrección de
Cristo, vivir plenamente la alegría de nuestra salvación.
Por nuestro señor Jesucristo...
Amén.
Comenzaron a predicar a los griegos el Evangelio del Señor Jesús
Lectura del libro de los Hechos de los
apóstoles
11, 19-26
En aquellos días, los que se habían
dispersado a causa de la persecución provocada por el caso de Esteban, llegaron
hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero sólo
predicaban la palabra a los judíos. Había, sin embargo, entre ellos algunos
chipriotas y cirenenses, los cuales, al llegar a Antioquía, predicaban también a los no judíos,
anunciándoles la buena noticia del Señor Jesús. El poder del Señor estaba con
ellos, y fue grande el número de los que creyeron y se convirtieron al Señor.
Cuando se enteraron de esto los de la iglesia de Jerusalén, enviaron a Bernabé
a Antioquía. Una vez que éste llegó y vio lo que
había realizado la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos para que se
mantuvieran fieles al Señor, pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu
Santo y de fe. Y una considerable multitud se unió al Señor.
Después fue a Tarso a buscar a Saulo. Cuando lo
encontró, lo llevo a Antioquía, y estuvieron juntos
un año entero en aquella iglesia, enseñando a muchos. En Antioquía
fue donde por primera vez se llamó a los discípulos "cristianos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo
Responsorial
Sal 86, 1-3.4-5.6-7
Alaben al Señor todos los pueblos.
Laudáte Dóminum, omnes
gentes
El Señor ha cimentado a Sión sobre el monte santo, el Señor ama las puertas de Sión más que a todas las moradas de Jacob. Cosas
sorprendentes se dicen de ti, ciudad de Dios.
Alaben al Señor todos los pueblos.
Laudáte Dóminum, omnes
gentes
Mencionaré a Egipto y a Babilonia entre
los que la conocen, filisteos, tirios y etíopes han nacido allí. Se dirá de Sión: "Todos han nacido en ella, él mismo, el
Altísimo, la ha fundado".
Alaben al Señor todos los pueblos.
Laudáte Dóminum, omnes
gentes
El Señor inscribe en el libro de los
pueblos: "Este nació allí". Y danzarán y cantarán: "Todas mis
fuentes están en ti".
Alaben al Señor todos los pueblos.
Laudáte Dóminum, omnes
gentes
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Oves meae vocem meam áudunt,
dicit Dóminus et ego cognósco eas, et sequúntur me
Aleluya.
El Padre y yo somos uno
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
10, 22-30
Gloria a ti, Señor.
Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la
fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el
templo por el pórtico de Salomón. En esto, se le acercaron los judíos, lo
rodearon y le dijeron:
"¿Hasta cuándo vas a tenernos en suspenso? Si eres el Cristo, dilo
claramente de una vez".
Jesús les respondió:
"Ya les dije con toda claridad y no me han creído. Las obras que yo hago
por encargo de mi Padre dan testimonio de mí; ustedes, sin embargo, no me
creen, porque no pertenecen a las ovejas de mi rebaño. Mis ovejas escuchan mi
voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán
para siempre; nadie puede arrebatármelas. Mi Padre, que me las ha dado, es
superior a todos, y nadie puede
arrebatárselas. El Padre y yo somos uno".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual
nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos
obtenga de ti la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio pascual
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en
que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo
destruyó nuestra muerte,
y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
[Misa]
Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, para entrar
en su gloria. Aleluya.
Opórtuit pati Christum,
et resúrgere a mórtuis,
et ita intráre in glóriam suam, allelúia.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden,
Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener nuestra felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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